LUZ HALOGENA PARA FOTOPOLIMERIZACION EN ODONTOLOGIA: ACTUALIZACION SOBRE RIESGO VISUAL Y MEDIDAS DE CONTROL
ESPECIALISTA JERARQUIZADO EN
MEDICINA FAMILIAR
Desde los
años '80, comenzó la utilización de alternativas para reemplazar a las
amalgamas de mercurio en la restauración de piezas en Odontología.
Estos
materiales, conocidos como resinas
polimerizables, constituyeron un nuevo capítulo dentro de la terapéutica
odontológica, al permitir reparaciones dentales más rápidas, menos notorias que
las tradicionales, y con niveles de resistencia similares a las anteriores.
Dichas
resinas podían ser polimerizadas, mediante reacciones catalizadas por químicos
o por efectos de la luz de onda corta, en especial la conocida "luz
azul".
¿A QUE
LLAMAMOS LUZ AZUL?
Damos el
nombre de luz azul, a la luz cuyo espectro de onda varía entre los 400 y 500
nanómetros (nm), cuya producción puede obtenerse a partir de lámparas especiales.
Los
mismos pueden ser lámparas fijas con un gran y delgado tubo, lámparas pistola,
o terminales montados directamente en la consola del operador odontológico.
El
sistema utilizado más frecuentemente en la odontología es la lámpara halógena,
con un rango de luz de 400 a 500 nm, donde la fuente de luz es un bulbo
halógeno de 12 volts/ 75 watts y cuya longitud de onda apropiada la produce un
filtro especial de banda dicroica..
Si bien
los equipos actuales constan de filtros protectores para disminuir la emisión
de radiaciones UV (de tipo A, B y C) e infrarrojos (también de tipo A, B y C),
siempre existe producción de los mismos, con lo cual se encuentra presente en
cada operador odontológico la probabilidad de daño ocular por efecto de los
mismos.
INTENSIDAD
ADECUADA PARA SU USO
La
correcta intensidad para la obtención de una adecuada polimerización del
material se obtiene con lámparas que generan una potencia mayor de 300mWatt/ cm2,
mientras que con potencias de 200 a 300 mW/cm2 es necesario un
aumento de la exposición para obtener el mismo efecto catalizador, y potencias menores
a 200mW/ cm2 no sólo son incorrectas, sino que serían mucho más
dañinas debido al aumento en la emisión de radiación UV de tipo C, definida
como la más perjudicial para el ojo humano. Éste último caso corresponde a los
equipos más antiguos, los cuales pueden aún ser utilizados en la práctica
cotidiana.
DAÑOS
PROBABLES PARA LA VISION
Se han
propuesto dos tipos de lesiones oculares como consecuencia de la exposición a
la luz de los artefactos de
fotopolimerización.
Los
mismos se han dividido en térmicos y fotoquímicos
Existen
varias fuentes posibles de luz tanto naturales (la luz solar) como tecnológicas
(como las lámparas incandescentes, fluorescentes, diodos de emisión de luz,
etc).
Los
perfiles de radiación emitida por dichos instrumentos varían en 11(once)
diferentes niveles.
La
Conferencia Gubernamental Americana de Higiene e Industria (ACGIH) estipuló los
valores para delimitar el nivel umbral de exposición en tiempo y distancia para
cada luz.
Para
todos los tipos de luz azul se constató que no había riesgo de lesión térmica a
nivel retinal.
Con
respecto a las lesiones fotoquímicas, el exponente más severo es la
fotorretinitis.
El efecto
tóxico de la luz azul es aditivo en forma lineal, por lo cual exposiciones por
períodos iguales o mayores a tres horas y en forma recurrente genera un efecto
acumulativo en el usuario, lo que se traduce en aumento del riesgo de sufrir
lesiones retinales.
En la
actualización 2003 del Consejo Nacional para la Protección Radiológica (NRPB),
sobre 31000 odontólogos que utilizan dicha tecnología, sólo 17000 poseen el
entrenamiento correcto en las medidas de seguridad.
MEDIDAS
DE CONTROL Y PREVENCION DE LESIONES
Si bien
algunas de las recomendaciones pueden ser vistas como obvias, la experiencia ha
demostrado que el conocimiento de las mismas ayuda a evitar posibles lesiones
profesionales.
En primer
lugar, el operador debe evitar mirar directamente la luz, o realizar la misma a
cierta distancia.
Los
trabajos de investigación de Satrom (1987), Ericksen (1987) y Cook (1986) entre
otros, demostraron que la menor distancia entre la fuente lumínica y el ojo del
operador debe ser de 25 cm.
A su vez,
las experiencias de Okuno (2002), Cook (1986), Satrom (1897) y Bradnam (1995)
entre otros, mostraron que con las fuentes de luz azul más potentes (la luz
solar por ejemplo), una exposición de 0.6 a 40 segundos podía producir lesión
retinal directa. Con los equipos de uso actual en Odontología, el consenso
alcanzado muestra que una exposición de 100 segundos (1' 40'') no generaría lesiones
en el profesional interviniente.
Dicha
exposición debe ser realizada en un período no menor de 3 horas.
Algunos
de los autores mencionados llevan el tiempo de exposición hasta 160 segundos
(2' 40'') por día y en el caso de equipos con filtros sofisticados hasta los 16
minutos por día.
Otro
implemento disponible y necesario para la protección del odontólogo son los
lentes cromáticos, de los cuales el indicado para el uso de la luz azul es el
de color amarillo.
Los mismo
deben cubrir completamente la órbita, y deben ser utilizados en cada
procedimiento con emisión de luz azul.
La
protección adicional que confieren los lentes de color amarillo, con filtro
para las emisiones con longitud de onda
menor de 500 nm, es 20 veces mayor que si se utilizaran lentes protectores sin
color; si no se dispone de dicho material, puede utilizarse laminados aplicados
a los lentes comunes que filtren la longitud de onda ya mencionada.
Otro
mecanismo de protección es el uso de
conos antirreflejo, los cuales se adaptan a los equipos cerca de la
fuente emisora de la luz.
CONCLUSION
Cada vez
se ha instalado más en la práctica profesional de la odontología el uso de
resinas polimerizables para la reconstrucción de piezas dentales.
El método
de mayor utilización en la actualidad se relaciona con el uso de dispositivos
catalizadores por medio de la luz azul.
La misma
posee en su composición radiaciones que pueden ser nocivas para el ser humano,
especialmente para el operador de dicha tecnología.
Las
lesiones retinales son uno de dichos efectos nocivos.
Las misma
pueden y deben ser evitadas mediante el uso racional de la tecnología y el
conocimiento de las medidas básicas de seguridad disponibles.
BIBLIOGRAFIA
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